

Cada día me quedo con menos palabras pero con más ganas de sonreír.
A finales del año y por fín se hace realidad la adquisición (personal) de una cámara de verdad. Con humos, licores y sonidos festejamos y celebramos como es tradición para nosotros mexicanos, más automático y mecanizado por una parte y espontáneo y emocional en otra.
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